Hay quienes sin embargo, solo han visto
sombreros, y mirándome con pena han respirado aliviados al saber que no me dedicaba al arte, ni tenía intención de hacerlo.
Sin hacerles demasiado caso, y lamentando lo pronto que uno se olvida de haber sido un niño, mis pensamientos comenzaron a vagar entre flores caprichosas y efímeras, zorros domesticados y asteroides.
