sábado, 6 de marzo de 2010

De hipos y critas


Si preguntáramos a la gente qué tres cosas detestan más, nos toparíamos sin lugar a dudas en un improvisado top 5 a la hipocresía.
Según la RAE “hipocresía” significa: Fingimiento de cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente se tienen o experimentan. Es decir, hacer o decir algo en lo que realmente no creemos.
En el top 5… o incluso podríamos llegar a decir que se encontraría entre las tres cosas más desaprobadas por todos, junto con la guerra y antes Bush; y ahora en España probablemente Zapatero. Sin embargo, todos aquellos que condenan la hipocresía la practican de una u otra manera. Hipócrita: detestar la palabra hipocresía pero luego ejercerla…
Quizá por ser España como es, o quizá porque los españoles tienen o tenemos un gen tendente a ello, la crítica es el deporte nacional: mira a fulanita de tal cómo va vestida, mira a menganito… ¿has visto lo que ha hecho nosequién? Me parece fatal, porque blablablá, blablabá… Y sin embargo, todo eso que criticamos, nosotros, casi seguro lo habremos hecho, o lo haremos en algún momento. Pero… ¡qué distintas se ven las cosas en los demás…! Y ¡qué difícil es darnos cuenta de lo nuestro!
La hipocresía y la crítica tienen en nuestro país su máximo esplendor sin duda en ejemplos como: “me voy a casar el agosto del año que viene” con un año y pico de adelanto, por la santamadreiglesia y haciendo un bodorrio de muy señor mío.
Y después de darles la enhorabuena a los novios tu cabeza comienza a funcionar: ¿por la iglesia? ¿pero cuándo han ido estos a misa? ¿pero no eran los que se pasaban la vida criticando las riquezas que tenían todos las congregaciones? ¿los que decían que los curas no eran más que unos borrachos y homosexuales frustrados? Y ahí les tienes ahora, tan devotos que se casan en la catedral en un año.
Hipocresía… en estado puro. Al final prima lo que prima: una ostentación de dinero, una intención de ser los más guapos (y que la gente lo diga), un evento social (y compromiso para los que son invitados); y sobre todo, un sacadinero. Y quizá por eso la hipocresía sea de lo que más aborrecemos los españoles, porque al final a todos nos han invitado a alguna boda.